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miércoles, 2 de noviembre de 2016

Perdida en el océano de tus ojos


Acorralada como un ratón el que ve como su presa, el gato, le ha dejado sin otro destino más que el de ser devorado.
Pero y ¿que pasa si el ratón se encariña con ese gato?
 Es un gato robusto, negro, de ojos enormes y grandes patas. Menea el rabo triunfante y ronroneando ante su gloria se acerca al ratón, preguntándose por qué ese diminuto ratón,de orejas puntiagudas, naricita redonda, bigotes grandes y patitas torpes, no corre, no huye ante su presencia. Se miran embelesados, en el momento en el que el gato empezó a ronronear, ¡oh! ese dulce ronroneo. Es melodía para el ratoncito. En ese momento el gato se dio cuenta de que el diminuto ratón meneaba sus dulces bigotitos al compás de su ronroneo, ¿era imaginación suya?...
¡No podía comerse a ese pobre ratoncito! Fingió tropezarse para darle ventaja al ratón pero vio como éste seguía sin pestañear y entonces empezó a gimotear, finjiendo una vez más.
Como por arte de magia el ratoncito empezó a correr, el gato se dio media vuelta para echarle un vistazo, y vio como su pequeña y delgadita colita iba haciendo zig-zags. ¡Que adorable!, pensó.
Dicen que no puedes evitar tu destino, pero y si su destino no era el de cazar al ratón, sino todo lo contrario, dejarlo vivir...

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